Tras cuatro décadas escribiendo en la sombra, este autor abre por fin su archivo personal («La Caja de Pandora»). Su objetivo: encontrar las voces que den vida a sus historias.
Sé sincero: en un mundo donde compartimos hasta lo que desayunamos y los artistas se matan por 15 segundos de fama en un scroll, ¿quién es capaz de guardar silencio?
Encontrar a alguien con la paciencia de un artesano es casi un milagro. Víctor Nicolás (1966) es ese milagro.
Imagina tener el talento para escribir cientos de canciones y, en lugar de buscar el aplauso, guardarlas en un cajón. Eso hizo Víctor desde que escribió sus primeros versos en 1985. Para él, la música no era un negocio, sino una válvula de escape sagrada que no salía de las cuatro paredes de su casa. Escribía, archivaba y seguía con su vida.
Pero el talento, como el agua, siempre encuentra una grieta por donde salir. Y el destino —ayudado por la insistencia de su familia— tenía otros planes.